Sincronicidad

CaptureHacía una tarde radiante y templada.

La madre con su hijo paseaban entre las ratas gigantes y los perros con narices redondas y plásticas. El niño comía un helado y la madre lo miraba tiernamente. El parque de atracciones estaba repleto de imágenes como éstas, una familia, niños, niñas, ancianos y ancianas… todos felices y todos obesos.

Seguían caminando entre los hermosos y cuidados jardines sin un rumbo aparente, sin embargo el niño desde hacía rato insistía en ir a la montaña rusa.

Que cercanía tan aterradora hay entre el sosiego y la tragedia. Conviviendo todo el tiempo pero ignorándose como las dos caras de una misma moneda. Un momento estas brincando de alegría extático y lleno de vida, el otro revolcándote con la muerte.

Muy cerca de ahí, en uno de los jardines, un grillo luchaba por su vida. Una horda de hormigas le acechaban desde hacía rato. Tenía una pierna inutilizada y cada intento de salto que daba lo hacía revolcarse más entre las hormigas. El vértigo que sentía el niño en la montaña rusa era sólo comparable al que sentía el grillo al ver las mandíbulas de esas hambrientas hormigas que no escatimaban ácido fórmico.

La otra pierna fue arrancada de cuajo y devorada instantáneamente, el grillo daba vueltas sobre si mismo con las pequeñas patas que le quedaban gritando en una frecuencia que nunca podremos de oír, pero si imaginar. El niño y su madre también daban vueltas y gritaban, pero no por el dolor, sino por la adrenalina.

Cuando la atracción llego a su fin y el carromato se paró por efecto mecánico el grillo lo hizo por efecto químico.

La madre le dio al niño otro cono de helado y el ultimo mordisco que ese niño mofletudo dio a la punta del cono coincidió con el último despojo de grillo que la hormiga reina engulló.

El bote de Caronte

IMG_0332Y dice la leyenda que cuando se montó (la verdad es que lo montaron a la fuerza, por no decir a patadas) en el bote de Caronte, inseguro si su destino final sería el Hades o el Tártaro, le preguntó al chalanero con un tono de voz que pudiera reverberar con el más grave y prepotente de sus tonos de voz en vida. Como aquel donde por ejemplo despachaba a los yanquis a ese otro Hades más terrenal.

“Tanta neblina por aquí ¡ah!. Mira y ¿tú eres el dueño de este bote?”

La única respuesta que obtuvo fue el sonido del lento remar de Caronte y a lo lejos la algarabía de unos cuervos mutantes, capaces de levantar en el aire a un alma completa, cuyos espectros en la densa neblina dibujaban un festín aéreo que se daban con despojos de animas humanas que parecía se arrancaban de pico a pico.

No encontrando respuesta alguna y un poco más ansioso por lo que veía a su alrededor le volvió a preguntar:

“¿Qué quién carajo te paga tu salario?. Mira compañero, la culpa de que tu estés así, harapiento, pobretón, hediondo y más desesperado que lesbiana en pescadería es de tu patrón. ¡De más nadie!” le dijo a Caronte señalándolo vehementemente con su dedo.

Caronte ni se inmutó. Era un tipo más bien flemático. Además había visto demasiado mequetrefe desde hacía eones. Herodes, Xerxes, Gengis Kan, Napoleón, Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, el enano soberbio de Ferrol, el otro enano de Corea del Norte… Todos, sin excepción, le venían con comentarios y preguntas soeces con un deje de prepotencia y altanería. En el mejor de los casos con un entrometimiento que estaba fuera de lugar en ese sitio. Todos, también sin excepción, llegaban cagados y meados al otro lado del Aqueronte.

Diptera Rules!

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Se dice que en el reino de las moscas hay un cadáver encunetado para cada mosca, la mayoría ya agujereados y listos para ser inflados. Hay además agua abundante, calor, sombra placida de árboles tropicales, pocos predadores naturales y nada de insecticida debido a la debacle económica. Lo de reino es un eufemismo, más bien es el paraíso de los Dípteros que hartan hasta mas no poder, vuelan, se reproducen y muchos a pesar de sus vidas tan efímeras llegan a vivir más tiempo que los muertos que regurgitan y vuelven a libar.

Muchos de estos cadáveres son humanos: miles y miles de calorías esperando a ser diluidas en la cadena trófica. ¡Aquí hay comida abundante para todos carajo! Es sin duda la Morgue Saudita cuya leyenda de abundancia y riqueza reverbera en todos los rellenos sanitarios y huecos calcutenses del mundo. Los hongos y coleópteros también se benefician de toda esta abundancia putrefacta si bien son despreciados por las que están en lo más alto de la pirámide socio-escatológica: las fulanas moscas y su prole que no dejan ningún resquicio cadavérico sin horadarlo exhaustivamente.

Con tanta abundancia, calor, intenso relajamiento sexual y pérdida del temor a Dios (al fin y al cabo un trozo de Roquefort importado al que más nunca se le vio la cara) la mezcla entre las muchas especies dípteras ha sido profusa y extensa produciendo unos especímenes únicos. Algunas con el cuerpo verde niquelado y las piernas infinitamente negras, unos tremendos ojazos, pechugonas, unos moscones la verdad, grandotas pero perfectamente proporcionadas, bueno de hecho vuelan y lo hacen como ningún artefacto humano ha podido hacerlo, muy sensuales, o sexis, nunca en verdad he sabido cual es la diferencia, y hasta se aventuran a joder y morder a los vivos. Yo conozco un caso al menos de un humano al que le cercenaron un buen tolete de carne podrida por una picada de estas bitches. En el ganado causan estragos pero al menos las vacas tienen rabo. Hasta ahí ha llegado la arrogancia y la altanería de los habitantes de ese reino que no se ponen límites para nada. No está en la naturaleza de las moscas meterse con los vivos. “¿Porque no, si pueden hasta volar? Los limites se los pone uno broder.” Hay quien lo justifica todo. Yo no.

Las moscas que no quieren joderse mucho, digamos las que piensan que ese es un reino muy rico y que por lo tanto “que me den el cadáver que me toca” terminan irremediablemente rebuscándose con basura. La riqueza no tiene piernas para llegarle a todo el mundo sobre todo si ésta está muerta. Por más riqueza que haya en un lugar hay que mover un poco el culo, o más bien las alas. Esto es así aquí y en Pekín donde por cierto no hay moscas debido a la contaminación. El mejor signo quizás de que China es ya una mega-potencia. Inglaterra acabó con sus mariposas durante la Revolución Industrial, Estados Unidos con sus indios, China acabó con todas sus moscas. ¿Es que no se ve el patrón aquí? Yo sí que lo veo.

No me quiero desviar de tema. Hablaba de la basura. No es que sea de mala calidad en este reino olvidado por los Dioses, más bien es muy abundante, compleja y nauseabunda. Está además regada por todas partes y no pocas veces junto a cadáveres de perros, gatos, rabipelados, ratas y como no también de humanos, muchos ya troceados listos para ser inoculados por miles de larvas. Cuando se da esta combinación escato-biológica es algo así como El Banquete para las moscas; digamos el equivalente a una bacanal romana en ese mundillo. Claro en este estado de cosas, donde la basura no se separa en origen ni se recicla sino es un bien mas que se transa, se otorga en concesión y se cobran jugosas (por el lixiviado) comisiones ésta no siempre es orgánica. Esta circunstancia se posa como un Matamoscas de Damocles sobre las moscas que por error meten el labellum en una batería explotada, un poco de acetona de uñas (ya no tanto), o cualquier otro químico toxico. Y es que los pobres, o los flojos depende de cómo se vea, siempre terminan tomando más riesgos y comiendo mal. Una tragedia y es que la naturaleza tiene una predilección innata por los que le echan alas a la vaina. O como creo que dijo Pasteur, aquí muy odiado por sus descubrimientos ”imperialistas”, que la suerte siempre favorece a los que están preparados. Lo increíble es que a pesar de todo este potencial, de toda esta abundancia y de la hegemonía absoluta de este orden taxonómico, el resentimiento está a flor de ala. Como alguna vez le oí decir por ahí a una mosca, “papa, no es lo mismo carne fresca de recién muerto que sangre seca de toalla sanitaria que a lo que sabe es a morcilla a la que ya le metió la mandíbula un coquito de mierda. ¿A ti te gusta libar bien? ¡A mi también huevon!”

Ponte a volar, pensé.