¿Corrupción o sociedad corrompida?

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¿Es la corrupción sinónimo de una sociedad corrompida? ¿Puede una sociedad de gente honesta y decente coexistir con casos de corrupción?

La diferencia no es trivial y leyendo el artículo de Infodio de arriba se me ocurrió escribir algo breve al respecto. Pero antes una acotación con respecto al mismo artículo. Allí se hace referencia a que el PIB acumulado por el chavismo desde 1999 “representa una cifra del ingreso aproximado (sin incluir deuda interna y externa ni deuda de PDVSA)… de 2.912.457.000.000 dólares.” Esto no es del todo cierto. El PIB no es algo que el chavismo, y por lo mismo nadie, recibe o haya recibido. EL PIB es una abstracción, una aproximación a la cantidad de bienes y servicios que se producen en un país en un período determinado y por ende una indicación del tamaño de la economía de un país. Ni siquiera la frase “el Chavismo ha manejado tanto o cuanto de PIB en estos quince años” es correcta ya que el sector publico representa hoy por hoy un 50% de la economía del país. Quizás mas pero el punto es que no todo el PIB de Venezuela ni mucho menos ha estado en manos chavistas.  En todo caso mejor sería calcular cuánto ha recibido el chavismo por concepto de renta petrolera e impuestos ya que esto SI que es dinero contante y sonante que le entra solo al Estado. Igual ha sido una mega-boloña de plata que dejaría a más de uno con escalofríos. 

Lo otro del artículo es que habla que la corrupción no beneficia a nadie y más bien perjudica a todos. Aquí un pequeño detalle pero que hace toda la diferencia semántica: nos perjudicamos TODOS excepto los corruptos que obtienen cuantiosos y estratosféricos beneficios y privilegios. De esta asimetría surge la siguiente premisa de la corrupción y es que la corrupción en sí misma es extremadamente excluyente ya que para ser corrupción tiene que estar en muy pocas manos. La corrupción es violenta, excluyente y sectaria y para que sea rentable tiene que ser cuestión de muy pocos. 

La corrupción (y he aquí mi punto que no contradice a Infodio en lo absoluto en el quid del asunto que ahí se trata) en este país ya se democratizó en estos años. Es de lo poco que en verdad se ha democratizado en el sentido literal de la palabra. El chavismo en vez de eliminar la corrupción cuarto-republicana la proyectó a todos los estratos y resquicios de la vida económica y social de Venezuela además de ampliarla y llevarla a niveles nunca antes vistos. Por lo tanto yo ya no hablaría de corrupción sino de una cultura corrompida. La corrupción en Venezuela dejo de ser un problema económico-financiero para ser un problema cultural, por cierto mucho más difícil, sino imposible, de erradicar. Las virtudes pecuniarias y de lucro de hacer cola por alguien quedan muy en entredicho cuando se le compara con los réditos de un caso como el de los Bolichicos por ejemplo. Cuando la corrupción da unas migajas aquí y allá para sobrevivir ya no es corrupción, es un modo de vida.

Por ejemplo en España hay corrupción pero no hay una cultura de la corrupción. Es un cuerpo extraño a la sociedad, difícil de eliminar y de luchar contra él pero a la final es como una célula no-eucariota de la que eventualmente el sistema inmunológico de ese país se desquitará. A menos que se la deje regar mucho.

En Venezuela la corrupción es cultural. No es un cuerpo extraño; cada quien la vive a su manera. Tomando la misma analogía biológica es una célula eucariota. Anda por todos lados sin que nadie la reconozca porque es parte de nosotros y los que la reconocen, tan típico de este país, voltean la mirada para un lado o se tapan la nariz. Es un cáncer y no una simple infección; más difícil de erradicar y me temo que además ya hizo metástasis. 

El quid del articulo sin embargo como menciono arriba no cambia ni un ápice por lo que aquí digo. La cultura de la corrupción más que la corrupción es un lastre gigantesco para el desarrollo. Una pérdida de recursos criminal (¿cuántos son los daños colaterales de esta cultura? Por ejemplo, ¿cuantas personas han muerto en este año por falta de medicinas?), violenta en sus orígenes y consecuencias y extremadamente difícil de erradicar ya que el poder judicial, el sistema inmunológico de un país, no escapa de ella más bien es de lo primero que se corrompe y daña profundamente.

Cambiar este estado de cosas no es fácil pero se me ocurre que deberíamos de empezar siendo intolerantes con lo que hay que ser intolerante. Voltear la jeta para un lado cuando no hay que hacerlo es una de esas cosas “chéveres” que nos está llevando al infierno. Empecemos por ahí.

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Sobre mi primera teoría conspiratoria

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La primera teoría conspiratoria de la que tenga memoria se la oí a mi mama a una muy temprana edad. Tendría yo unos 13 o 14 años y mi mama, viniendo de una familia de emprendedores por generaciones, me soltaba de vez en cuando mientras paseábamos por Las Mercedes o por Altamira y La Castellana lo de “un restaurante es tremendo negocio. Ojala montaras tu uno algún día. Mira todos están full vale, ¡es que no se dan abasto!“ o la cantinela no ya de ella sino de todo bien pensante en esta ciudad de que “hay crisis pero los restaurantes están full. ¡Rial hay!”.

Con el tiempo y afortunadamente no experimentándolo en carne propia me di cuenta lo jodido, difícil y competitivo que es llevar un restaurante o cualquier otro negocio relacionado con la comida no solo en este país sino en cualquier otra parte en el mundo. La dicotomía sin embargo, o más bien la paradoja, era que efectivamente los restaurantes, al menos en Caracas, estaban siempre “full” y si estaban llenos era porque eran exitosos, pensaba. ¿Cómo cotejar lo jodido de esta industria con el hecho de que al menos al ojo desnudo lucía efectivamente como un buen negocio?

Luego de crecer, leer y madurar, además de la bofetada que fueron un par de experiencias catastróficas de un amigo y un familiar cercano en este negocio me di cuenta que no necesariamente tener movimiento en un restaurante implicaba que fuera rentable. Sin entrar en detalles, esto no es necesariamente una verdad irrefutable. Depende de muchas cosas una de las cuales por ejemplo es que tanto alcohol se venda en el local. La comida por lo general es deficitaria.

Pero asumiendo que fuera una verdad absoluta. Asumiendo que movimiento implique ganancias hay un hecho mucho más trascendental que pasa desapercibido y lo hace porque es una evidencia oculta. Uno solo ve los restaurantes exitosos, por eso están ahí, funcionando y generando beneficios de lo contrario estarían cerrados. Y he ahí el detalle, uno no ve los restaurantes cerrados al menos no por un periodo prolongado de tiempo (hablo de la Venezuela pre-comunista; pequeño pero importante detalle) ya que al cerrar uno abrirá otro ahí mismo o inclusive otro negocio totalmente distinto.

Detrás de cada restaurante exitoso hay 40 fantasmas. Uno no nos los ve, nos lo puede ver porque simplemente no están ahí pero mi mama, en la mejor de sus intenciones, me incitaba a meterme en un peo en donde tenía solo 1 en 41 chances de pegarla. ¿Cuánto es esto? ¿Un 2% de probabilidades de ser exitoso?

La opacidad de la realidad y la necesidad humana de creer en algo

La realidad es muy opaca. De hecho es como un iceberg. La evidencia oculta suele ser con frecuencia de una magnitud tal que puede cambiar en 180 grados nuestras conclusiones con respecto a los hechos sean cuales sean. Los grandes consejos de mi madre en cuanto a las “bondades” de la industria de la restauración en realidad resultaron ser radicalmente inútiles. Es una industria notoriamente difícil y repito no solo en Venezuela sino en todas partes. Ella solo veía ese 2% de restaurantes exitosos y sacaba sus conclusiones que en honor a la verdad eran lógicamente sólidas.

Esta opacidad tan característica de la realidad aunado a la necesidad humana de conectar los puntos, de fabricarse una realidad a la cual asirse y creer en ella fervientemente, es el origen de toda teoría conspiratoria. Se ve la punta del iceberg flotando por encima del mar y ¡voilà! el hielo es menos denso que el agua. Ante la opacidad de la evidencia nos recreamos una narrativa que nos resulte atractiva, a veces reconfortante y casi todas las veces ajustada a nuestros valores y creencias. De las docenas de cosas prosaicas que le pudieron haber pasado al vuelo MH370 es fácil caer en la tentación de que fue secuestrado por un comando americano-israelí, “silenciado” en pleno vuelo y su carga “diplomática”, de tecnología de punta de drones robada en Afganistán por los talibanes y transportada a China junto con 8 científicos chinos, desaparecida para siempre en el medio de la nada. ¿Para qué quiero ir al cine?

De hecho toda teoría conspirativa es una elucubración ex-ante de lo que pudiera ser la evidencia oculta. Hasta que la verdadera evidencia oculta no salga a la luz no hay nada mejor y divertido que creer que a JFK lo asesinaron por haber sabido demasiado con respecto a los extraterrestres que murieron en el accidente en Roswell.

Ante esta epidemia de teorías conspirativas que veo hacer mella en las mentes de mis amigos, a los cuales considero inteligentes y educados, les recomiendo solo una cosa: que sean escépticos. Esto requiere de mucha disciplina, cierto. No es nada fácil más en un país donde la Verdad cambia de un día para otro. La evidencia oculta puede que nunca salga a luz o puede tardar muchísimo en salir pero en el ínterin, antes de caer en trampas lógicas y bochornosas, lo único que podemos hacer es permanecer escépticos. Con la mente abierta claro está ya que lo cortés no quita lo valiente pero en el fondo escépticos. Además de que nos puede ahorrar unos reales.

“The main thing that I learned about conspiracy theory, is that conspiracy theorists believe in a conspiracy because that is more comforting. The truth of the world is that it is actually chaotic. The truth is that it is not The Iluminati, or The Jewish Banking Conspiracy, or the Gray Alien Theory.

The truth is far more frightening – Nobody is in control.

The world is rudderless.”

― Alan Moore