¿Qué le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos?

El titulo de este texto es otra de estas frases que leemos no menos de veinte a treinta veces cada año, todos los años desde que aprendimos a leer. Siempre me he preguntado qué significado en verdad tiene esta frase para las generaciones en edad reproductiva. Mi opinión por lo que he visto no solo en Venezuela sino en varios países en los que he tenido la fortuna de vivir es que toda generación vive y usa los recursos disponibles como si ésta fuera la última, como si el mundo se fuera a acabar pasado mañana.

Solo una pequeña e irrisoria minoría de individuos en todo el mundo de verdad ha sabido ponerse mas allá de lo que la psicología evolutiva nos ha impuesto y que nos viene desde cuando nuestra supervivencia se contaba en días, o en semanas a lo sumo. Nuestras capacidades tecnológicas han avanzado mucho más rápido que nuestra habilidad para deshacernos de estos lastres mentales. La realidad es que aquí y en la cochinchina el ser humano sigue siendo un animal cortoplacista. El mismo capitalismo, cuyo liderazgo es incontestable, es un sistema cortoplacista; busca maximizar los beneficios en el corto plazo y los pasivos extenderlos en el mayor tiempo posible. De ser posible endosárselos a las generaciones futuras o externalizarlos (vaya eufemismo como si este no fuera un mismo planeta) bien lejos (por ejemplo en China). La verdad es que el ser humano es una plaga que solo piensa en él.

Inclusive en esa utopía socialista que es Escandinavia no todo lo que brilla es oro. El merito de los escandinavos no ha sido tanto interiorizar las leyes muchísimo más que sus pares en el trópico. El verdadero merito de la gente no solo de esos países sino de muchos otros del mundo desarrollado ha sido la sumisión del individuo (mas no de la individualidad) al Leviatán. El Estado, cuya edad se mide en generaciones y no en años, tiene una capacidad superior a ver más allá de las limitaciones de nuestra propia mortalidad y  de crear en lo posible un sistema sostenible sobre todo si es un Estado democrático.

El Futuro no es lo que solía ser

Cuando la gente se pregunta ¿qué le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos? yo me pregunto si Chávez por ejemplo no fue un niño o nieto de alguien y las mismas preguntas no se hacían en su momento. ¿Qué le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos? ¿Para qué?, me pregunto. De haber dejado mas hubiera sido mayor la destrucción. Asumo aquí que el chavismo es un fenómeno imposible de haberlo evitado. ¿O sí lo hubiera sido? No todos los niños van a evolucionar en buenos ciudadanos, honestos y responsables. Ni aquí en este campamento ni en Suiza.

De hecho no se trata de lo que se “deja” en términos de infraestructura, economía, leyes, etc todas cuestiones importantes pero no lo que hace diferencia. Mas que “dejar” algo de lo que se trata de hecho es de “no dejar”. Con que no nos hubieran dejado las condiciones que generaron el chavismo hubiera sido más que suficiente, asumiendo aquí lo contario de arriba; que el chavismo pudo haberse evitado de alguna manera.

Venezuela tiene innumerables problemas pero uno que es fundamental y crítico para que este país despegue de una buena vez es el problema urbano. Bastaban dos o tres decisiones en los cincuenta y en los sesenta por ejemplo de no permitir bajo ningún motivo el crecimiento de los cinturones de miseria alrededor de las grandes ciudades y otra hubiera sido la historia. O darle a las empresas automovilísticas americanas una buen patada en el trasero en sus pretensiones (exitosas lamentablemente) de evitar el desarrollo del ferrocarril en Venezuela y así por el estilo. No son más de cinco decisiones o planes, no imposibles de haberlas tomado en su momento, que hubieran tenido un efecto transcendente en el futuro. Que el chavismo hubiera surgido igual no lo sé, pero sí estoy seguro que le hubiera sido mucho más difícil hacerse crónico.

Quédense con el puente sobre el Lago, Guri y los puentes sobre el Orinoco. Todo esto se oxida o se rompe y se pierde. Si van a dejar algo a las generaciones futuras dejen sentido común que es el sentido que nos permite vivir en comunidad y el único que nos proyecta mas allá de nuestra propia mortalidad.

¡No se vayan por favor!

No es infrecuente leer artículos en la prensa venezolana acerca de la huida de jóvenes venezolanos al exterior en busca de una mejor vida. El fenómeno de la inmigración dicen que es complejo pero para mí se reduce en una sola cosa: costo de oportunidad. Cuando, y enfatizo esta palabra, se percibe que la vida en otro país será más agradable y con mejores perspectivas la decisión de irse ya está casi tomada. Esta mejora en la calidad de vida es el neto que queda una vez que se incluyen los aspectos negativos de toda inmigración como son el dejar la familia, los amigos, las costumbres, etc. A la final funciona como el mecanismo de descubrimiento de un precio en cualquier bien o servicio. Este precio se alcanza cuando el individuo percibe que las cosas que pierde yéndose son menos que las que pierde quedándose. Recalco que el quid de la cuestión está en la percepción que se tenga de cómo será la vida afuera. La realidad, luego, puede ser muy distinta.

El punto es que en muchos de estos artículos se “invita” a los jóvenes a no irse y quedarse en este paraíso. Yo no tengo ningún problema con esto pero me consta que muchas veces la agenda no es otra que un miedo profundo a que de este país se vayan todos los jóvenes y lo que quede es puro viejo sin nadie que trabaje por y para ellos.

No en vano la mayoría de los articulistas son gente ya retirada o muy cerca de ello. Jamás he visto un artículo de un joven invitando a sus contemporáneos a no irse a menos que sea un joven político. Y los jóvenes políticos ya están de hecho un poco avejentados.

“¡No me dejen solo aquí! ¿Quién me pondrá la prótesis en la cadera?” me parece leer entre líneas en los tiernos artículos que se leen en toda la prensa opositora apelando a lo maravilloso que es este país y chantajeando emocionalmente con la familia y los amigos. Un poco hipócrita me parece hablarle así a los jóvenes cuando esta misma generación, irresponsable, vaga y sin ningún tipo de principios dejaron esta porquería de país y le prepararon todo el camino al Chavismo del siglo XXI.

“What goes around, comes around” dicen en Ingles. Bastante chuparon estas generaciones sin querer involucrarse en la “sucia política”. Le dejaron la política a los demás, voltearon la mirada y la nariz en contra de esa masa de pobres que crecía como un cáncer alrededor de las ciudades mientras se iban de compras a Miami. No me queda ahora sino decirles que se jodan.

El derecho a buscarse una mejor vida es inalienable y tan viejo como el hombre mismo. Europa, EEUU, etc saldrán de esta crisis tarde o temprano como ya lo han hecho en sus respectivas historias. Claro, dirán, es que por allá no tienen a Chávez. Precisamente porque esas sociedades, a pesar de toda la crisis, aun no han producido uno me atrevo a decir que ya la mitad del camino esta recorrido.

Lamentablemente no todo es tan simple como “salir de Chávez” y todo se soluciona. Chávez es un producto de la sociedad y hasta que esta no cambie no se saldrá de él. El mero egoísmo  y cachaza de pedirle a los jóvenes que no se vayan, que se queden en esta mierda cuando otro mundo mejor es posible, ilustra que aquí nada ha cambiado.